Alzira y Reclam Editorial unen fuerzas para documentar la historia de la acequia que transformó la Ribera, obra de Tomás Peris

El agua no es cualquier recurso natural. Siempre ha tenido una importancia vital, históricamente y en la actualidad. El mundo Mediterráneo se caracteriza por la irregularidad estacional e interanual de las lluvias y del caudal que circula por los ríos. Por eso, gestionar de manera correcta unas aguas escasas y caprichosas resulta más necesario que en otros territorios. Controlar el agua permitía estabilizar la producción e impedir que los años secos fueran también años de hambre. El estudio “De Séquia d’Alzira a Séquia Reial del Xúquer (1248-1847)” de Tomás Peris, publicado por el Ayuntamiento de Alzira y la editorial Reclam, permite afinar ideas sobre el funcionamiento del principal canal valenciano durante los siglos XIII-XIX, cuando derivaba aguas del Xúquer para regar, abastecer de agua a las poblaciones e impulsar molinos hidráulicos harineros y arroceros.
Describe la evolución experimentada por las infraestructuras hidráulicas, desde las fases constructivas de época medieval hasta culminar con la ampliación efectuada entre Algemesí y Albal, que transformó la Séquia d’Alzira en la contemporánea Séquia Reial del Xúquer. No solo era el canal del litoral mediterráneo peninsular que regaba una área más extensa (en el siglo XVII superaba las 4.000 hectáreas —casi la mitad de toda l’Horta València— y en el siglo XIX llegó a beneficiar hasta 14.000, que equivale al 140 % de la superficie de la comarca de l’Horta). Además, se trata de una entidad hidráulica excepcionalmente bien documentada. La información extraída del Archivo Municipal de Alzira, el de la Séquia Reial y el Archivo del Reino permite explicar cuáles fueron los criterios aplicados para gestionar las aguas comunitarias derivadas al azud de Antella y los resultados alcanzados.
El libro se estructura en cinco bloques, desde las características de la infraestructura del riego; el gobierno de las aguas y pautas para resolver la conflictividad generada; el sistema agrario que la disponibilidad de agua permitió crear; un apartado donde se confrontan las ideas relativas a la acequia estudiada con las tesis más acreditadas sobre gestión de recursos naturales; y, finalmente, un amplio recopilatorio documental. Así, el estudio analiza la arquitectura institucional (órganos colegiados y principales oficiales del riego), la imbricación con consejos municipales, señores feudales o la monarquía, y desvela cuáles fueron los criterios organizativos aplicados para gestionar las aguas. Explica la configuración de un sistema agrario muy intensivo y con una acentuada dimensión comercial, que combinaba un arbolado de moreras y diversos frutales con cosechas de sembradura de ciclo corto, entre las cuales los productos alimentarios (trigo, maíz, leguminosas y arroz) alcanzaban gran protagonismo.
En base a una tecnología simple, pero ingeniosa, los regantes de la Séquia Reial practicaron una gestión ecointegradora que hizo posible la sostenibilidad de los ciclos del agua y de los agroecosistemas creados. Técnicas poco sofisticadas, pero perfectamente adaptadas al medio geográfico y a las necesidades de las comunidades locales, basadas en aplicar conocimientos empíricos intergeneracionales, proporcionaron magníficos resultados.
Tomás Peris también averigua las repercusiones sociales inducidas por la intensificación agrícola propiciada por el hecho de poder regar. La mayor regularidad productiva de la agricultura de huerta respecto de los secanos (así como una ubicación próxima al litoral, que facilitaba el transporte marítimo) evitaron que las crisis de subsistencia —hambres— castigaran a la población comarcal con la misma intensidad y frecuencia que lo hicieron en el interior peninsular. Pero hay que advertir que atrajeron las inversiones de sectores rentistas urbanos, que fueron arrebatando, desde el último tercio del siglo xvii, una parte importante de la propiedad agrícola que antes había estado en manos de los labradores de la comarca, para arrendar los campos que poseían.
El libro explica que crear, ampliar y mejorar la capacidad de regar fue la principal solución aplicada por las comunidades campesinas de la Ribera del Xúquer para enfrentarse a un clima difícil. El agua que llegaba por la Séquia Reial permitió estabilizar la producción, multiplicar los rendimientos, introducir nuevas cosechas y ampliar el calendario agrícola, de manera que cubriera todas las estaciones del año, sin que los campos quedaran improductivos durante el verano a causa de la intensa aridez. Detrás del conjunto de transformaciones económicas y sociales descritas en el libro estaba la capacidad transformadora del agua, que afectó con la misma intensidad a las formas de vida de la población que ocupaba el territorio.
“De Séquia d’Alzira a Séquia Reial del Xúquer” es un obra que no va dirigida exclusivamente a los especialistas de los ámbitos académico, historiadores del regadío o estudiosos de la gestión de los recursos de uso comunitario. También pretende dar a conocer a la sociedad actual de la Ribera del Xúquer el importante valor patrimonial que significan los paisajes de huerta. Las infraestructuras hidráulicas, medievales o de final del siglo XVIII, merecen ser preservadas como un valioso legado histórico, ya que es tan importante como pueda ser la arquitectura militar o religiosa de esas épocas, y da testimonio de las habilidades acumuladas por las comunidades campesinas para hacer frente a la fuerte aridez estival y a los intermitentes años de pocas lluvias.
